
Ha pasado casi un año desde aquella reunión memorable junto al mar, llena de poemas, canciones y chilcanos. Me retiré de estrenos, debates nocturnos y especulaciones para abrazar una vida contemplativa: renunciando a compromisos formales, alimentado solo de café y recuerdos en discreta penumbra.
Aunque prefiero el silencio, San Valentín despierta mi aprecio irracional por ustedes. Por eso, interrumpo el autoexilio para declarar que mi estima permanece intacta, con un cariño que ignora límites, como un Cupido con resaca.
Mientras escucho «With A Little Help From My Friends», «Summer Wine», «Et si tu n'existais pas»... los extraño en dosis homeopáticas.
Brindo con mi taza de café de eremita por ustedes: amigos, colegas, artistas. Gracias por sus memes, secretos compartidos y persistencia artística; por soportarme e inspirarme con su caos creativo y no borrar mi número.
A quienes saben que mi «estoy bien» pide vino sin preguntas —cómplices de resacas y aventuras—, les agradezco las risas, dramas, ternura y caos ardiente que condimentan mi memoria. Sin ustedes, mi vida sería normas frías.
Mañana vuelvo a mi «camisa de loco» para cultivar el misterio, pero hoy les recuerdo que los llevo en mi «lista de favoritos»: mi estima no cambia de dirección, aunque mi vida social sí. Los quiero. Aunque desde lejos, con humor y promesa de abrazo de oso si nos cruzamos.¡Feliz Día del Amor, Amistad y todo lo que nos une!
Con afecto y desde el sofá
Juan
El fantasma amistoso que los aprecia más que al silencio (y eso es decir mucho).





