Se acaba otro año, con algunas heridas, pero con el humor intacto. Por eso, ahora, ¡preparémonos para los días donde es socialmente aceptable culpar al espíritu navideño por jamar hasta ahitarnos!
Y a la hora de brindar, brindemos por los éxitos de la madurez: por el que ya camina como si tuviera 60 otra vez, y por el que logró leer un libro sin quedarse dormido en la segunda página.
La veteranía nos regala sabiduría y una vida con un nuevo lema: "Más vale saber que haber". Y como la pasión no se jubila, el Kama Sutra ahora es solo una guía para no dislocarse la cadera. Al final, el clímax es simplemente lograr terminar la noche sin un calambre y sin confundir los quejidos con gemidos.
Y cómo no, brindemos también por las indiferencias que ya no nos quitan el sueño: una ausencia es, a estas alturas del partido, una excusa para cenar doble. Además, las penas se curan solas... o con un buen chilcano y el recuerdo de que, por cada "error" que cometimos, tenemos cien anécdotas que contar (¡aunque ya las hayamos contado siete veces!). ¡La única pérdida que lamento es la paciencia con la música moderna!
Dejando de lado la contabilidad de las penas, levantemos la copa por todo lo que sí pasó: la dieta que se suspendió indefinidamente ante un chupe de camarones o un arroz con pato, la pichanga que acabó en full vaso, los planes que salieron mal pero terminaron siendo una gran anécdota. Un aplauso especial para el que superó ese desamor que resultó ser el inicio de una era de paz, y por el que encontró un nuevo amor que lo hizo sonreír por una semana.
Así que, con el permiso de nuestro cardiólogo, levantemos la copa (o la lata de cerveza, que no hay distinción de clase aquí). ¡Por nosotros! Que, con el espíritu jovial, seguimos aquí, contándonos las mismas historias una y otra vez.
¡A gozar! Que en estas fiestas la única resaca que tengamos sea de alegría. Que Papá Noel nos traiga todo lo que le hemos pedido y que, por un milagro de Navidad que vale oro, no se hable de política en la cena.
¡Feliz Navidad, y que el próximo año les dé mucha salud, muchísimo dinero y la sabiduría de saber que yo soy el mejor de sus amigos!
¡Gracias por su amistad! Les mando un abrazo grande, de esos que crujen las costillas y despeinan el alma.
Juan

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