El tiempo transcurre con una rapidez implacable. Ha pasado casi un año desde aquella reunión memorable en que, entre poemas, monólogos, canciones frente al mar y un chilcano en la mano —con la solemnidad de un mimo celebrado en la plaza—, me alejé de los estrenos, de los debates existenciales a altas horas de la madrugada, de los «qué hubiera pasado si». Me retiré a los «cuarteles de invierno», me entregué a la vida contemplativa, al silencio y a la renuncia a cualquier compromiso que requiera zapatos de vestir, para convertirme en ese personaje del que se murmura: «¿Y Fulano?», «Ah, se volvió místico». Y habitar la discreta penumbra del retiro, como un solitario moderno que se alimenta de café y recuerdos.No obstante, San Valentín conserva la incómoda —y a veces dulce— costumbre de sacudir el alma. Y es que, aunque prefiera el silencio de mi abrigo al bullicio de un bar, el inventario del corazón permanece inalterable. En ese registro, ustedes figuran con letras doradas en la sección «Aprecio irracional». Así pues, en esta fecha comercial pero también sentimental, asomo por aquí para declarar que, aunque permanezca «fuera de servicio», mi estima por ustedes continúa intacta. Hoy, al sentir un leve tirón en el pecho —no teman, no es un infarto, sino afecto—, interrumpo mi retiro para enviarles un mensaje con la fuerza de un Cupido con resaca, porque el cariño desconoce los límites del autoexilio.
Alzo mi taza de café —el brebaje de los eremitas modernos— para brindar por ustedes: amigos, colegas, artistas. Sé que creen que mi ausencia ha sido olvido; al contrario, los recuerdo con el mismo cariño con que evoco, en estas fechas, los temas de Los Belkings y Kela Gates. Amigos, colegas, a ustedes que guardan mis secretos y, pese al «chau», continúan enviando memes que me arrancan sonrisas: los extraño, aunque en dosis homeopáticas. Gracias por soportarme y no borrar mi número. Admiro su persistencia en el arte; su talento me inspira. Sigan creando el caos necesario: el mundo sería insoportablemente aburrido sin sus delirios. Gracias por comprender la locura creativa, la duda frente al proyecto y la satisfacción de concluirlo.Y a quienes saben que mi «estoy bien» a veces significa «traigan vino y no hagan preguntas» —si el arquero del corazón anda con resaca, cómplices piripis, cuetes o temulentos—: compañeras de fatigas que condimentaron mis días y habitan ese rincón de la memoria donde aún arde el fuego. Inspiración —y hermoso caos— de mis mejores aventuras: por las risas, los dramas, la ternura pura y el lenguaje silencioso del amor. Sin ustedes, mi vida sería normas frías y este mensaje, un ensayo desaprobado por San Valentín.
Mañana regreso a mi «camisa de loco» para seguir cultivando el misterio. Pero hoy deseo recordarles que, aunque no me vean, los llevo en mi «lista de favoritos». Aunque haya cambiado el código postal de mi vida social, la dirección de mi estima sigue siendo la misma.
Los quiero. Desde lejos. Con humor y la promesa de que, si nos encontramos por azar, mi abrazo será tan fuerte como el de un oso.¡Feliz Día del Amor, de la Amistad y de todo aquello que nos mantiene unidos!
Con afecto y desde el sofá
Juan
El fantasma amistoso que los aprecia más que al silencio (y eso es decir mucho).
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